(Entrevista originalmente publicada en el nº 13 de la revista This Is Metal)
Nile no necesita presentación. La formación norteamericana revolucionó la escena extrema cuando en 1998 editó su álbum debut ‘Amongst the Catacombs of Nephren-Ka’, sorprendiendo a propios y extraños con una particular aproximación al brutal death que pasaba por incorporar elementos y ambientaciones egipcias a sus temas, algo nunca visto hasta la fecha. Desde entonces, el grupo ha editado otros seis trabajos y se ha hecho con un nombre muy importante en el mundillo. El pasado mes de abril, Relapse Records ponía a la venta una lujosa reedición en vinilo de los cuatro primeros discos de la banda, lo cual sirve como excusa a Iago Fuentes para abordar a su líder Karl Sanders y someterle a esta extensa entrevista retrospectiva.
A mediados de los ’90, antes
de fichar por Relapse, estabais en una pequeña discográfica llamada Visceral
Productions. ¿Qué supuso para vosotros dar el salto de un sello a otro?
Fue
un cambio verdaderamente importante. Date cuenta de que Visceral Productions
era una discográfica muy pequeña: la llevaba un solo tío, Craig Rowe, que por
aquel entonces también tocaba en una banda. Se llamaban Hemdale. Cuando cerró
el sello le cedió varios de sus grupos a Relapse. Entre ellos estaban
Incantation, Exhumed y nosotros. Pasar de Visceral Productions a Relapse fue un
salto brutal. Relapse ya llevaban unos años en activo y era un sello mucho más
grande y con más medios.
¿Cómo se os ocurrió esa
peculiar combinación entre death metal y Egipto? Fue algo realmente original en
aquella época.
Siempre
he sido un apasionado de la mitología egipcia y de todo lo que tenga
mínimamente que ver con ello. Ya de niño me encantaban películas como ‘Ben Hur’
o ‘Cleopatra’, y cuando unos años más tarde conocí a Pete (Hammoura, batería de
la banda entre 1993 y 2000) toda esa influencia se intensificó. Nos hicimos
grandes amigos. Su familia es originaria del Líbano, y al tener tanto trato con
él y con sus padres tuve ocasión de conocer de cerca algo de la cultura de
Oriente Medio. Así que esto siempre ha estado presente en mi vida de un modo u
otro, por lo que me pareció muy natural tratar de combinarlo con mi pasión por
el metal. Tan pronto como escogimos “Nile” como nombre de la banda vimos todavía
más claro el camino a seguir.
Supongo que a nivel letrístico
también os apetecía desmarcaros un poco de lo que venían haciendo el resto de
bandas, ¿no?
Sí,
en parte también se trataba de eso. Ya en 1993 había cientos de bandas
escribiendo sobre gore o satanismo. No era nada nuevo o inspirador, y en ese
sentido nos apetecía probar a hacer algo distinto. Nunca pensamos que fuéramos
a conseguir nada con el grupo, así que pensamos “bueno, probablemente jamás
hagamos dinero con la banda así que, a la mierda, vamos a hacer lo que nos dé
la gana”. No teníamos nada que perder. Apostamos por ser nosotros mismos. Resultó
no ser mala jugada.
Dallas
(Toler-Wade, cantante/guitarrista) se unió a la banda en 1997. Vuestro debut, ‘Amongst
the Catacombs of Nephren-Ka’, fue editado al año siguiente. ¿Cómo es que no
participó en la grabación?
Porque
cuando grabamos el disco él aún no estaba en el grupo. Nuestro anterior
guitarrista acababa de dejarnos y aún no teníamos un sustituto para él, por lo
que el álbum lo grabamos entre Chief (Spires, bajista y cantante entre 1993 y
2001), Pete y yo. Yo grabé todas las pistas de guitarra de ‘Catacombs…’. En
realidad el disco lo grabamos en diciembre de 1996 y se suponía que lo iba a
sacar Visceral Productions, pero al final terminó saliendo en abril de 1998 a
través de Relapse. Fue una larga espera, muy frustrante. Llegamos a preguntarnos
si realmente el álbum sería editado algún día.
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Nile 1999: Dallas Toler-Wade, Chief Spires, Karl Sanders y Pete Hammoura |
‘Amongst
the Catacombs…’ fue publicado en una época en la que el nu-metal estaba
empezando a pegar verdaderamente fuerte. ¿Llegaste a pensar que eso podía
suponer una especie de hándicap para vosotros, una banda realmente extrema de
auténtico metal?
Para
nada, nunca nos importó nada de eso. Siempre hemos ido a lo nuestro sin
pararnos a pensar en lo que estaba de moda o lo que era guay. Creo que esa es
la mentalidad que deberían adoptar todas las bandas. Básicamente el nu-metal,
el rap metal, el hardcore y todo ese rollo moderno nos importaban una mierda,
así que nunca tuvimos ningún problema con eso. Si no es auténtico metal, para nosotros
es como si no existiera. Y además, ¿quién se acuerda ahora de esas bandas?
(risas)
De
hecho a ‘Catacombs…’ le fue muy bien para tratarse del debut de una banda por
entonces tan underground…
Sí,
conseguimos una gran respuesta desde el principio. Lo cierto es que fue
alucinante. Nos sorprendió mucho que tanta gente fuera capaz de conectar con lo
que estábamos haciendo. Ya sabes, se trataba de algo un poco exótico, quizás
incluso un poco extraño para el típico metalhead cerrado de mente. Y nosotros solo
éramos una pequeña banda de Carolina del Sur con mucha ilusión pero pocas
pretensiones. Lo único que queríamos era componer un material que nos gustase
y, en todo caso, conseguir que alguien nos lo sacara algún día. Pero funcionó,
vaya si lo hizo.
En el
año 2000 editasteis vuestro segundo disco, ‘Black Seeds of Vengeance’. Si no me
equivoco, la gente de Relapse os sugirió una pequeña modificación para el
título del álbum. ¿Qué ocurrió exactamente?
(Muchas
risas) Esta historia es muy buena. Aquello fue algo realmente ridículo. Resulta
que los de Relapse querían que le cambiáramos el nombre al disco porque
pensaban alguna gente podría ver connotaciones racistas en el título “Black
Seeds of Vengeance”. ¿Te lo puedes creer? (Risas) Obviamente les dijimos que se
olvidarán, que no lo íbamos a cambiar. Era nuestro título y no íbamos a hacer
ningún tipo de concesión con eso. Por lo visto en Relapse ya habían empezado a
hacer algo de merchandising -posters y pegatinas- para el álbum, refiriéndose a
él como, simplemente, “Seeds of Vengeance”. Fue ridículo y realmente nos jodió
mucho. Por suerte al final logramos hacerles entrar en razón. Quince años
después aún no he visto a nadie sentirse ofendido por ese título.
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Nile 2002: Tony Laureano, Karl Sanders, Dallas Toler-Wade y Jon Vesano |
Poco
antes de grabar el disco Pete tuvo que dejar la banda por una lesión. ¿Cómo fue
la cosa?
Bueno, Pete se lesionó gravemente el hombro durante una de las giras de ‘Catacombs…’. Hicimos un total de ocho giras para ese disco. Siete en América y una en Europa. Eso son muchos conciertos en un corto periodo de tiempo y el error que él cometió fue no querer ir al médico cuando empezó a notar que algo no iba bien. No quería exponerse a que el doctor le dijera que su hombro estaba mal y que tenía que dejar de tocar la batería. Así que siguió tocando. Una decisión muy insensata por su parte. Al final su hombro dijo “basta” y por desgracia la lesión fue mucho peor de lo que hubiera sido si simplemente hubiera ido al médico a tiempo y hubiera guardado reposo. No es que no pudiera tocar, pero desde luego no estaba en condiciones de realizar giras de 20 o 30 fechas casi seguidas. No le quedó más remedio que dejar el grupo.
En
ese punto creo que incluso se os pasó por la cabeza poner fin a la banda, ¿no
es así?
Es
verdad. Si ha habido un momento en el que nos planteamos dejarlo,
definitivamente fue cuando sucedió lo de Pete. Fue muy duro para nosotros. A
nivel personal siempre nos hemos llevado genial, hace unos 35 años que nos
conocemos y montamos la banda juntos. Puedo asegurarte que Nile nunca habría
llegado a su posición actual sin su contribución. Él lo dio todo por este grupo
durante el tiempo que estuvo con nosotros y pensar en la posibilidad de
continuar sin él se nos hizo muy difícil al principio. Pero fue él mismo quien
nos animó a seguir con un sustituto. Al final Pete sólo grabó un tema del
disco, del resto se ocupó Derek Roddy (ex-Hate Eternal, entre otras bandas).
Pero la gira la hicimos con Tony Laureano (ex-Angelcorpse y ex-Acheron, entre
otros).
Por
cierto, ¿en algún momento llegasteis a considerar a Tony como un miembro
permanente?
De
hecho siempre consideramos a Tony como un miembro a tiempo completo, lo fue
desde que se unió a nosotros para la gira de ‘Black Seeds…’. Es un error común
entre la gente el verle simplemente como un músico de sesión, pero lo cierto es
que era tan miembro de Nile como podamos serlo Dallas o yo. A la hora de
repartir el dinero se llevaba exactamente la misma parte del pastel que
nosotros (risas).
Para
cuando salió ‘Black Seeds of Vengeance’ Dallas ya se había convertido en tu
mano derecha, ¿no es así?
Correcto.
Dallas fue un factor clave para el desarrollo de la banda. Al poco tiempo de
que se uniera a Nile ya me di cuenta de que había hecho un excelente fichaje.
Hacemos un buen equipo juntos y, a pesar de que es diez años más joven que yo,
nos entendemos y complementamos a la perfección. El material de ‘Black Seeds…’
fue compuesto estando él ya en la banda y aunque inicialmente sus
contribuciones eran más bien puntuales colaboró mucho en los arreglos. Desde
entonces su papel en el grupo ha ido cobrando más y más importancia.
Ese
álbum también fue el primero en incluir notas con explicaciones detalladas
sobre las letras de cada tema. En su día me pareció una iniciativa muy
interesante y de hecho acabó por convertirse en algo característico de la
banda. ¿Cómo se te ocurrió la idea?
Te cuento la historia que dio pie a todo eso.
Cierto día, en un descanso durante las sesiones de grabación de ‘Black Seeds…’,
fui a ver a Immolation, que tocaban cerca de donde vivo, y después del
concierto invité a Ross y a Bob a mi casa para que se dieran una ducha y
pudieran cenar algo. Se me ocurrió entonces preguntarle a Ross qué le parecería
cantar en alguna parte del tema “Khetti Satha Semshu”, que es el corte que
cierra el álbum. Dijo que por supuesto. Así que le pasé una hoja con las letras
y él las leyó, me miró con cara extrañada y me dijo: “tío, ¿de qué coño va
esto?” (risas). De manera que le expliqué minuciosamente lo que significaban aquellas
palabras. Por lo visto a Ross y a Bob les entusiasmó tanto la historia que
había detrás de esa letra que ambos instantáneamente me dijeron que tenía que
incluir notas en el libreto, porque seguramente mucha otra gente también lo encontraría
interesante. Lo hice, fue un trabajo brutal, pero quedó muy bien y a los fans
les gustó. Así que las notas acabaron por convertirse en una parte importante
de nuestros discos.
Allá
por el año 2000 aún no podíais vivir exclusivamente de la banda. ¿A qué os
dedicabais en aquella época para ganaros la vida?
Sí, por aquel entonces tanto Dallas como yo
trabajábamos en fábricas, almacenes y sitios así. En concreto, yo estuve un
tiempo trabajando en la fábrica de Carolina del Sur de BMW. Hacíamos los Z3
Roadsters. De hecho todos en la banda teníamos nuestros empleos al margen de
Nile. El problema era que cada vez que volvíamos de una gira teníamos que
buscar trabajos nuevos, lo que ayudó un poco a que finalmente tomáramos la
decisión de estar de gira tanto tiempo como nos fuera posible. Es muy
complicado pretender tener un trabajo normal, con su horario de 9 a 5, y a la
vez intentar llevar una banda a un nivel profesional. Hasta cierto punto son
cosas bastante excluyentes.
En 2002 editasteis ‘In Their Darkened Shrines’. Para entonces, Chief Spires ya no estaba
en la banda. Parecía un miembro muy difícil de sustituir, pero os apañasteis
bien sin él.
Sí, Chief era un gran frontman y tenía mucha
presencia escénica. Inicialmente lo sustituimos con Jon (Vesano, miembro del
grupo entre 2001 y 2005), que en un principio parecía ser un muy buen reemplazo.
A fin de cuentas era un tío con carisma y sabía cómo estar al frente de una
banda. Durante un tiempo la cosa funcionó bien, pero llegó un punto en el que
Jon empezó a faltar a los ensayos y, en general, a mostrar poco interés. Si te
soy sincero, tampoco nos preocupamos mucho porque sabíamos que si en algún
momento nos fallaba, Dallas estaría listo para ocupar su lugar en el escenario,
tal y como acabó ocurriendo.
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Nile 2002: Jon Vesano, Dallas Toler-Wade, Karl Sanders y Tony Laureano |
De
hecho siempre habéis tenido problemas con los bajistas.
Es verdad, desde que Chief se fue lo intentamos
con algunos bajistas y sencillamente no funcionó. Después de Jon tuvimos a Joe
Payne un tiempo (de 2005 a 2007) y más tarde a Chris Lollis (de 2007 a 2012).
Ambos son unos músicos extraordinarios, con un talento fuera de lo normal. Pero
para ser miembro de Nile no basta con eso. Nos tomamos la banda muy en serio y
damos el 100% por ella, así que le exigimos lo mismo a todos los que se unen a
nosotros. George Kollias (batería de la banda desde 2004) lo entendió y ahora
es uno más, pero estos chicos nunca mostraron el mismo nivel de compromiso y
dedicación. Necesitamos gente con la que podamos contar. Joder, en concreto Joe
estaba también en Lust of Decay y Lecherous Nocturne, por no decir que también
tenía su propio proyecto en solitario. Si lo sumas a Nile son cuatro bandas.
Por nosotros puedes tocar en todas las bandas que quieras siempre y cuando
estés al 100% con Nile cuando llegue el momento. El problema es que Joe no lo
estaba. Con Chris las cosas fueron algo mejor, pero la verdad es que hoy en día
estamos mejor como trío.
Con
‘In Their Darkened Shrines’ llegó la grabación de vuestro primer clip. ¿Por qué
elegisteis “Sarcophagus”?
Bueno, la elección parecía bastante obvia.
Los de Relapse nos dijeron que había llegado el momento de grabar un vídeo y de
algún modo “Sarcophagus” parecía el tema adecuado para ello. Es un corte a
medio tiempo, muy pegadizo para ser Nile, y a la vez también es brutal. Ese
tema es para nosotros lo que “Where the Slime Live” es para Morbid Angel, si
entiendes el ejemplo.
Uno
de los temas más característicos del disco es “Unas Slayer of the Gods”. Nunca
antes habíais escrito una canción tan larga y épica. ¿Cómo se gestó ese tema?
Sí,
es un tema muy especial. A pesar de lo largo que es surgió de una forma muy
espontánea y fue compuesto bastante rápido. A veces los mejores temas surgen
así, sin más, sin necesidad de darles muchas vueltas. Con ese corte me propuse
hacer algo realmente épico y que fuera nuevo para Nile. El experimento salió
bien, pero fue realmente difícil encontrarle un sitio en nuestros setlists de
la época, y es que con casi doce minutos de duración, meter “Unas…” en el
repertorio implicaba tener que dejar fuera otros tres o cuatro temas.
El
riff principal de la canción suena muy parecido al del primer tema del ‘Nightfall’
de los suecos Candlemass.
Sí, de hecho puedes considerarlo como una
especie de homenaje a esa banda. Recuerdo escuchar bastante sus discos en la
época en la que compusimos el material de ‘In Their Darkened Shrines’. El
parecido con su “Gothic Stone/The Well of Souls” fue algo totalmente consciente,
pero nunca traté de plagiarles, sino más bien de rendirles tributo. Por
desgracia mucha gente no lo entendió de esa manera. En “Unas…” también hay una
parte que está sacada de la banda sonora de la película ‘Conan el Bárbaro’.
Concretamente es la parte épica en la que suenan los cuernos. Sin embargo esto
pasó más desapercibido entre los fans.
En
2005 editáis el que en mi opinión es vuestro mejor disco, ‘Annihilation of the
Wicked’. A diferencia de vuestros tres primeros lanzamientos, que fueron
producidos por Bob Moore, en este álbum trabajasteis con Neil Kernon. ¿Cómo fue
la experiencia?
Bueno, al contrario de lo que algunos puedan
pensar, en Nile siempre tratamos de avanzar, y después de tres álbumes con Bob
Moore pensamos que había llegado el momento de probar a alguien nuevo. Neil
Kernon supuso un soplo de aire fresco para Nile, y lo mejor es que él nunca
trató de cambiar nuestras ideas o sobreproducirnos. Básicamente nos hacía
sugerencias. Se fijaba mucho en los detalles para tratar de sacar lo mejor de
nuestros temas. “¿Y qué tal si este riff lo metes después de aquel otro?”, “esa
parte quedaría mejor armonizada”, ya sabes, esa clase de cosas. Creo que un
buen productor tiene que ceñirse a eso y dejar la composición en manos de la
banda. Él es un tío con muchísima experiencia, así que nunca dudamos de su
criterio.
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Nile "Annihilation of the Wicked" (2005) |
Creo
que su trabajo con el ‘The Wretched Spawn’ de Cannibal Corpse fue determinante
en vuestra decisión de contar con él, ¿no es así?
Eso es absolutamente cierto. La producción de
ese disco tuvo un gran impacto en nosotros. Ya teníamos bastante claro que queríamos
probar con Neil porque nos gustaba mucho la mezcla de algunos de los discos que
hizo con Judas Priest. Además en esa época a él le había dado por producir y
mezclar bandas de death metal como Deicide, Exhumed o, precisamente, Cannibal
Corpse. Cuando escuchamos ‘The Wretched Spawn’ supimos que teníamos que grabar
con él como fuera.
Fue
una buena elección. El álbum suena mucho
mejor que los tres anteriores.
Sin duda. Recuerdo volver de Chicago con
Dallas, después de mezclar el disco -porque lo grabamos en Carolina del Sur
pero lo mezclamos allá-. Íbamos en el coche de vuelta a casa escuchando el
master del álbum y recuerdo que estábamos completamente entusiasmados. Por
primera vez sentimos que habíamos conseguido el sonido que llevábamos tiempo buscando.
‘Annihilation…’ suena limpio y pulido, pero a la vez es muy potente y brutal.
Es una producción muy buena.
Poco
antes de editar ‘Annihilation…’ sacaste tu primer disco en solitario, ‘Saurian
Meditation’. Un disco muy tranquilo y ambiental. ¿Es posible que eso hiciera
que te centrases totalmente en la brutalidad a la hora de componer
‘Annihilation…’?
Sí, me lo ha comentado más gente y es posible
que de manera inconsciente así haya sido. Lo que está claro es que cuando
empezamos a componer los temas de ‘Annihilation…’ teníamos en mente hacer
nuestro disco más brutal y extremo hasta la fecha. Si te digo la verdad, en ese
momento yo ni pensaba ya en mi disco en solitario, pero es posible que haya
ocurrido como tú dices, no lo sé.
En “Annihilation
of the Wicked” los arreglos egipcios y toda esa clase de instrumentación están
introducidos de forma más sutil que en los anteriores discos. O al menos a mí
me lo parece.
Sí. En parte esto fue debido a que el
material que habíamos compuesto no parecía requerir tantos elementos adicionales.
Todo el disco fue compuesto con George ya en la banda, por lo que imagino que
de alguna manera esto nos llevó a centrarnos más en las guitarras y en la
batería. Íbamos ensayando los temas con él y todo sonaba fantástico con los
elementos básicos, así que no quisimos sobrecargar las canciones con demasiados
arreglos.
El
álbum contiene uno de los temas más difíciles de tocar de toda vuestra
discografía. Háblame de ‘The Burning Pits of The Duat’.
Es un tema realmente complicado. Lo escribió
Dallas y fue todo un desafío lograr memorizar todos esos cambios y conseguir
tocarlo de forma fluida. Es uno de nuestros temas más técnicos. Llevo tocando
la guitarra desde 1973, pero aun así me costó muchísimo poder tocarlo bien.
Recuerdo que volvía de los ensayos con un dolor tremendo en la muñeca derecha,
fue una auténtica pesadilla. Con todo, la añadimos al repertorio de la gira del
disco y funcionó bien en directo cada noche.
‘Annihilation…’
también fue vuestro primer disco con George Kollias. Parece que con él
finalmente disteis con la persona definitiva para el puesto de batería. ¿Cómo
acaba un griego tocando en un grupo de Carolina del Sur?
Fue una recomendación de Derek Roddy. Cuando
dimos con George ya nos estábamos desesperando para encontrar un batería.
Habíamos probado a varias personas, veíamos audiciones que algunos baterías nos
mandaban en video, pero ninguno nos convencía. Entonces Derek nos lo recomendó.
Vimos algunos vídeos suyos y nos quedamos alucinados.
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Karl Sanders 2004 |
El tema “Chapter of Obeisance Before Giving Breath to
the Inert One in the Presence of the Crescent Shaped Horns” fue algo así como
su prueba de fuego, ¿no es así?
Sí, tal cual. Esa canción tiene patrones
rítmicos muy complejos, un rollo muy difícil de coger. Pese a que la habíamos
ensayado Dallas y yo -Dallas tocando la batería-, queríamos ver qué podía hacer
George con un tema de estas características. Así que le envié una grabación que
consistía tan solo en mi guitarra y una claqueta. La claqueta, más que ayudar,
lo hacía todo más confuso. El caso es que finalmente George nos dejó
boquiabiertos cuando vimos las partes de batería que se había sacado de la
manga para ese tema. Había conseguido ver más allá de aquella maraña de riffs
con extrañas constancias, creando unos ritmos que casaban perfectamente con las
guitarras y le daban total sentido al conjunto. Si escuchas el tema atentamente
verás que es una locura. Hay un montón de pequeños detalles técnicos ahí
metidos.
Una
de las giras de ‘Annihilation…’ la hicisteis con el gran King Diamond. ¿No fue
una combinación un poco extraña?
No tanto. El cartel al completo consistía en The
Black Dahlia Murder, Behemoth, nosotros y él. Fue un tour genial. Sí que es
verdad que no pegamos mucho con King Diamond a nivel musical, pero a muchos de
sus seguidores les fascina el rollo guitarrero y creo que por ese lado nos los
ganamos un poco. Las salas estaban llenas cada noche y aunque muchos de los
asistentes no nos habían escuchado nunca, todos los días se nos acercaba
alguien a decirnos que le había encantado nuestro concierto y que quería
hacerse con nuestros discos.
En
perspectiva, ¿qué balance haces de esos cuatro primeros discos hoy en día?
Todos ellos tuvieron un gran impacto en la escena.
Los escucho de vez en cuando -tampoco muy a
menudo- y los sigo disfrutando. A veces es interesante revisitar el trabajo que
has hecho con anterioridad. Creo que cualquiera que escuche esos cuatro discos
del tirón podrá apreciar la evolución que ha habido por nuestra parte, y es que
poco a poco fuimos perfeccionando nuestra forma de hacer temas. Aunque en
general están bien, no todos son igual de redondos. Sea como sea, nadie puede
reprocharnos el no haber dado lo mejor de nosotros mismos en cada momento.
Estoy muy satisfecho con estas reediciones pero Nile es una banda que mira
siempre hacia adelante y precisamente hoy (la entrevista se hizo el pasado 5 de
marzo) vamos a entrar al estudio para empezar a grabar nuestro octavo trabajo.
Eso es lo que más nos importa ahora mismo.
¿Puedes
avanzarme algo del nuevo material? Tengo que reconocer que ‘At The Gate of
Sethu’ me pareció bastante flojo para el nivel al que nos tenéis acostumbrados.
Los nuevos temas son quizás los más oscuros y malvados que jamás hayamos compuesto. En general el nuevo material estará más basado en tonalidades menores, de ahí que vaya a sonar más maligno. Habrá muchos blastbeats, como siempre, pero vamos a procurar conseguir una buena dinámica añadiendo pasajes realmente lentos a algunas canciones y muchas nuevas ideas de batería. Creo que va a ser nuestro disco más oscuro con diferencia. Seguramente saldrá en verano, tenemos ya un título pero no te lo puedo decir todavía. Creo que te gustará más que ‘At the Gate of Sethu’. Esto es todo lo que te puedo contar por ahora.